Empecemos por el principio

¡Hola!

Me llamo Paola, y me gano la vida vendiendo mi arte en internet.

A través de esta web, quiero enseñarte a explotar tus aptitudes artísticas y que tú también puedas vivir del arte.

Pero antes, quiero contarte quién soy y cómo he llegado hasta aquí.

Y es que, cuando uno tiene cierto éxito, la gente empieza a hablar y conjeturar. Y adivina qué: siempre se equivocan.

La gente extraordinaria no nace con estrella, no llega al éxito por accidente. La gente extraordinaria trabaja sin descanso hasta conseguir su sueño.

Así que ponte cómodo y prepárate un buen té calentito, por que esto va para largo.

1986 – El principio

Nací y crecí en un pueblo muy humilde al sur de Madrid, siendo la sexta de siete hermanos. Casi me dejan un mes en la incubadora por canija, pero finalmente salí adelante.

Tuve una infancia normal. (dentro de lo que cabe)

2000 – ¡Mi primer trabajo!

Bueno, “trabajo”.

Empecé a hacer voluntariado en la asociación de David, mi sensei de Judo. Una de las figuras más importantes de mi adolescencia. Gracias a todos los valores que me enseñó me he convertido en la persona que soy.

Aquí hacía un poco de todo: ayudar con las clases de los alumnos más pequeños, dar clases de pre-natación, y participar en eventos y campamentos para ayudar a gente desfavorecida o con discapacidad.

2002 – Empieza la fiesta

Por motivos familiares debo dejar de estudiar y ponerme a trabajar. Con 16 años pasaba 10 horas trabajando en la imprenta familiar.

Después hacía menos horas en la imprenta, y lo compaginaba con otros super bien remunerados como: limpiadora, camarera, hacedora de bocatas, pizzas, dependienta…

2005 – No aguanto más

Poco después de empezar a salir con mi actual pareja (a la cual le debo un mundo), me di cuenta que tenía 19 años y solo sabía trabajar.

Estaba completamente amargada.

Era el pez que se muerde la cola: sin estudios, solo encontraba trabajos de mierda, y como necesitaba dinero, tenía que trabajar, y no podía estudiar….

¡Yupi!.

Me armé de valor, y le dije a mis padres que dejaba de trabajar para sacarme el graduado escolar.

Se enfadaron un poquito por que así no podía aportar dinero en casa, pero les convencí para seguir trabajando en la imprenta sin recibir nada a cambio, además de buscar un mini trabajo para todos mis gastos adicionales (libros, material, etc).

No se pudieron negar. Los plazos ya estaban cerrados ese año, así que tuve que aparcarlo hasta el año siguiente.

2006 – Uno de mis peores mejores años.

Estaba exhausta. Estudiaba de 8 a 14:00 y trabajaba de 15:00 a 19:30. Llegaba a casa rota y hacía las tareas o repasaba las lecciones.

Después, me hacía una bolita en la cama hasta el día siguiente.

Además, Martes y Jueves trabajaba de 18:00 a 20:30 en una copistería. Aprovechaba en casa antes de entrar y los ratos muertos en la tienda para hacer las tareas del cole. Así al salir podía hacer algo de vida social con mi pareja y amigos.

Eso sí, cuando me dieron las notas (saque toda la ESO estudiando un año) y vi que tenía de nota media un notable, ¡casi me da un ataque!. ¡Un relámpago de adrenalina me recorrió el cuerpo de la emoción!.

Ahora había demostrado a los que no apostaban por mi que podía hacerlo, y lo más importante, pude demostrarme a mi misma que podía hacer lo que me viniese en gana.

Estaba preparada. Pero no quise parar ahí.

Decidí seguir, y formarme como técnico en cuidados auxiliares de enfermería.

2007 – El último empujón

Y vuelvo a aplicar la misma técnica. Era una mierda, pero sabía que era un trance que debía pasar.

Lo asumí, y lo hice.

Los esfuerzos daban sus frutos. Acabe siendo la segunda de mi promoción con un 8,5 de nota media, hice las prácticas con evaluación satisfactoria, ¡y a tirar millas!.

2008 – ¡A trabajar!

Acabé las prácticas en Diciembre de 2007, y en Febrero de este año ya tenía trabajo. Not Bad 😎 

Ahora, el trabajo… señor, ¡uno de mis peores trabajos con diferencia!

Era una residencia para personas mayores. Sin entrar en detalles escabrosos, sólo diré que tenía que (literalmente) robar guantes del almacén porque no me los querían facilitar.

Aguanté un mes.

Ese mismo año y asombrada por lo que tuve que pasar, decidí dejar por un tiempo los trabajos “comunes” y tiré hacia la rama de la estética.

Empecé a trabajar en una empresa familiar que buscaba por primera vez alguien externo porque habían empezado a crecer y querían expandirse por Madrid (eran de Zaragoza).

Me trataron genial y aprendí un montón gracias a los cursos que me pagaron, pero surgió una oportunidad en una multinacional donde cobraba más y encima estaba más cerca de casa (a ese sitio tardaba en llegar 1:30, una paliza).

Mi primera entrevista fue de maravilla. Me faltó poco para irme de cervezas con la muchacha, un verdadero encanto de mujer.

Me destinaron a una de sus sucursales, donde me esperaban tres compañeras para iniciar la aventura. Dos chicas majísimas, técnicos láser como yo, y la gerente. Una madurita adinerada de muy buen ver que pensó que podía manejar a su antojo a tres chiquillas de 20 años.

La odiamos casi al instante. Además de tratarnos como escoria, ¡no movía un dedo!. Cosa que acabó por estallarle en la cara y la despidieron en un tiempo récord de tres meses.

Después del despido, el jefazo se pasó por allí a conocernos y me sugirió muy amablemente (guiño, guiño, patada, patada) que sin gerente para cerrar las ventas, me tenía que maquillar para captar clientes.

Me tocó tanto el higo que le propuse amablemente un trato: si superaba las ventas mensuales de la tipa ésta sin una gota de maquillaje, me quedaba con el puesto.

Me miró con desdén, se rió, y me dijo un escueto “lo veremos” antes de irse.

Y, ¡ay, amigo!, que risa al terminar el mes con un 15% más de ventas.

El no quería, le había humillado y buscaba excusas. Por suerte, una junta directiva compuesta mayormente por mujeres decidió que me merecía el puesto.

A mis 22 años era gerente de una sucursal de una de las empresas de estética más potentes.

2009 – Es hora de cambiar

Seguía avanzando y demostrando potencial. Tenía buen sueldo, pero trabaja como una condenada y los horarios eran infumables.

Y de repente, me ofrecieron un puesto en otra sucursal más potente de Madrid. Pero me negué.

Lo consulté conmigo misma, llegué a una conclusión: no tenía muy claro qué quería en la vida, pero seguro que no era este trabajo.

Tras varios meses de búsqueda, encontré un puesto de Auxiliar en un centro de día los fines de semana (en plena crisis, no podía uno ponerse exquisito).

Por suerte, fue de los mejores trabajos que he tenido. Disfrutaba como una enana con mis abuelos y con mis compañeros y formábamos una bonita familia.

No estaba mal pagado para ser un trabajo de fin de semana. Tardaba 15 minutos andando desde casa y con eso de trabajar en festivo (el domingo) percibía casi más dinero a proporción que en un trabajo normal.

De Lunes a Viernes trabaja (cada vez menos) en la imprenta. Entonces surgió mi primera idea de negocio, (bueno “negocio”, nada serio).

Por aquel entonces ya llevaba cosiendo unos años y mis amigos lucían mis creaciones en chaquetas y estanterías.

Así que, me decidí a vender broches y peluches través de la maravillosa red social en ese momento en auge: Fotolog.

2010 – De Lunes a Domingo

¡Por fin!

Era una suplencia pero, después de un año trabajando solo fines de semana, encontré otro trabajo de Lunes a Viernes en otro centro de día.

Lo bueno: me juntaba con un buen sueldo.

Lo malo: trabaja 7 días a la semana,

¡Adiós de nuevo vida social!

Eso sí, pude ahorrar y con todo ese dineral me independicé y me fui a vivir con mi pareja.

2011 – La cosa se empieza a enderezar

Una de las chicas del centro donde trabajaba los fines de semana se casó, tuvo un hijo y decidió coger una excedencia de un año. Ahora quedaba un puesto vacante entre semana y…

¡Ding, ding, ding! ¡me contrataron a mi!

Trabaja en un sitio que me gustaba de Lunes a Viernes, al ladito de casa y oye, el sueldo no estaba mal.

Ese mismo año me animé de verdad, y abrí Miss Little Zombie, mi seudónimo artístico.

En un principio, no pretendía vivir de ello. Simplemente surgió como necesidad para compartir con el mundo lo que hacía por aquella época.

Seguía haciendo peluches extraños de vez en cuando pero, principalmente estaba de lleno en el mundo de los Art Toy de vinilo (en especial las figuras Munny y derivados).

Y para cerrar por todo lo alto, pasó el año, la chica rechazó el puesto completamente y me quedé de manera fija. 

¡Ahora sí, copón!

2013 – La cosa se empieza a torcer

Cambio de dirección empresarial, deudas, retrasos en las nóminas, el personal cada vez más escaso…

Ir al trabajo daba asquito.

Cada vez estaba peor, más a disgusto y preguntándome a mí misma si con 65 años me veía de blanco, administrando pastillas y cambiando pañales.

Me empezó a dar el tabardillo y decidí que Miss Little Zombie debía convertirse en mi trabajo principal.

Trabajé sin descanso cada rato libre que tenía.

Buscaba mercadillos para vender mis cosas los fines de semana, y me esforzaba en crecer en las redes sociales con todo lo que se me ocurría.

Ponía en marcha eventos, sorteos, y colaboraciones con otros artesanos para crecer todos juntitos como una buena familia.

Además, mi pareja llevaba un tiempo intentando levantar su propio negocio, y decidimos que iba a dejar su trabajo para dedicarse a tiempo completo. Así que acordamos que yo seguiría trabajando para tener un sueldo fijo del que tirar si la cosa iba mal.

2014 – De mal en peor

El trabajo cada vez era más desesperante. Seguía esforzándome por abrirme un hueco en el mundo del arte pero cada vez lo veía peor.

Me faltaban las fuerzas… pero tenía que seguir.

Ese año sufrí insomnio, multitud de crisis de ansiedad, jaquecas… prácticamente al borde de la depresión. (quiero hacer mención a mis tres chicas de oro, Silvia, Arantxa y Estefi, ya que sin ellas, probablemente me hubiera pegado un tiro en una pierna)

Lo bueno es que MLZ estaba funcionando bien.

Los encargos Munny no paraban de llegar, y mi nuevo invento basado en mis antiguos peluches, los Little Furry Monster, estaba causando sensación entre mis seguidores.

Llevaba ahorrando desde 2013 y pensaba aguantar un año más en el trabajo para ahorrar todo lo posible antes de tirarme a la piscina.

Pero, me estaba volviendo loca.

No tenía tiempo físico para hacer crecer mi negocio y expandirme porque tenía que currar, pero si no curraba no había ingresos con los que sustentarse. El sueldo de Osiris aún no se había estabilizado pero apretándonos el cinturón podíamos vivir.

Y tras varias movidas en el trabajo, él veía a diario mi estado de ánimo catastrófico, y lo tuvimos claro: me fui derecha al despacho y solicité una excedencia de un año (por si acaso).

En Octubre estaba oficialmente fuera del trabajo.

2015 – ¡Al fin libre!

Me tomé un tiempo de relax y puse las cosas en orden. Estaba cagada de miedo por la incertidumbre pero, ¡era libre y feliz!

Dejé de fumar, me corte el pelo, me fui al gimnasio, me puse cañón, me até la cinta en la cabeza a lo Rambo, y hasta hoy ♥

Ha sido un camino duro pero estoy muy orgullosa de todo lo que he conseguido en estos años en todos aspectos de mi vida.

No creo que en la suerte, ni en seres mágicos, ni en casualidades.

Uno mismo crea sus propias oportunidades y las hace posibles.

Nunca me ha gustado contar mis intimidades pero sé que muchos os sentiréis identificados con mi historia. Quiero que veas que todo es posible, con el esfuerzo adecuado.

Ahora, espero que te quedes conmigo y caminemos juntos, por que quiero contarte todo lo que he aprendido en esta aventura.

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