Cómo calcular el precio de un producto hecho a mano

¿Conoces las formulas que te dicen cómo calcular el precio de un producto hecho a mano?

Sí, las que dicen que debes sumar las horas de trabajo, el material, restar un euro, comprobar la fase de la Luna, hacer el pino puente… esas.

¿Sabes cual es el problema? Que no son aplicables en el 90% de los casos.

Siento decirte que el precio de tu producto no depende de una simple operación matemática.

Así que en vez de engañarte con una fórmula ridícula, te voy a hablar de varios factores que influyen al poner tus precios y que probablemente no te hayan contado.

El podcast

Puedes escuchar y vernos hablar sobre cómo calcular el precio de un producto en el podcast.

Calcula los gastos al detalle

Esto parece de sentido común: si no sabes lo que gastas, ¿cómo vas a saber lo que ganas?

Pues no te imaginas la de gente que no tiene control de sus gastos y luego no se explica por qué no salen las cuentas.

Los gastos más obvios son los materiales, pero hay otras cosas que pueden pasar desapercibidas como las cajas para el envío, que a su vez pueden llevar cintas decorativas, plástico de burbujas, una pegatina…

Y es que todo esto acaba sumando, así que mejor ser lo más minucioso posible con los cálculos.

Y no exagero con lo de minucioso. Yo sé hasta cuantos gramos de arcilla gasto por pieza.

Cuanto más detalles tengas, más fácil será ver los números y calcular el precio de tu producto.

Por cierto, si quieres sabes todo sobre los gastos de envío, echa un ojo: Cómo calcular los gastos de envío de tu tienda

El tiempo de trabajo

“Yo creo que tardo en hacer una pieza 5 horas…”, ¿Lo crees o lo sabes a ciencia cierta?

Aquí no valen aproximaciones. Usa un cronómetro o una de tantas aplicaciones y calcula el tiempo real de trabajo.

Y atento, que esto es muy importante:

El tiempo que tardas en hacer un producto no determina lo que vale.

De ser así, yo que tengo experiencia y termino las piezas en 30 minutos, ¿debería cobrar la mitad que alguien que tarda una hora?

Es absurdo. Me están castigando por hacer mejor mi trabajo 🤷‍♀️

Ahora bien, el tiempo que tardas te dice si tu producto es rentable.

Lo vas a ver claro con un ejemplo de dos personas que haciendo lo mismo, no ganan lo mismo:

Antonia hace amigurumis personalizados. Cada uno le lleva 12 horas entre diseñar, tejer y revisiones del cliente.  Al final, aunque echa más horas que un reloj, lo acabará vendiendo por un máximo de 50€ (que sea justo o no, es la realidad de este mercado).

Antonio es diseñador de amigurumis. No vende piezas terminadas, solo vende patrones. Él tarda 20 horas en diseñar el patrón, probarlo, hacer fotos y preparar el archivo digital que venderá por 4,95€.

A priori parece que Antonio sale perdiendo, ¿no?

¡Pues no!

Aunque tarda 8 horas más, Antonio solo trabaja una vez y puede vender el producto de manera recurrente. A diferencia de Antonia, que siendo muy optimistas puede terminar una pieza cada dos días, teniendo en cuenta que a los humanos nos gusta dormir y comer de vez en cuando.

Ahora cambia diseñador de amigurumis por ilustrador que lleva sus diseños a pins en vez de hacer trabajos personalizados, o escultor que en vez de vender sus piezas vende sus conocimientos en forma de curso digital…

Se te empiezan a ocurrir otros enfoques para rentabilizar tu tiempo, ¿verdad?

La competencia en tu mercado

Algunos te dirán que eres único y que la obra del pequeño artista se tiene que pagar, ¿verdad?

Eso es precioso y quizá lo consigas algún día. Ahora, la realidad es que eres uno entre un millón.

Echa un ojo alrededor. Si ves 100 personas haciendo lo mismo que tú por 30€, es poco probable que lo vendas a 60€.

Ahora muchos pensarán: “Pues vendo a 15€ y todos me compran a mí. Soy un genio del marketing 😎”.

No, eres idiota y te estás limitando tú solo.

De lo que se trata es de ver en qué rango de precios te puedes mover para sacar la máxima rentabilidad a tus productos.

Y dependiendo de otros factores, podrás situarte más cerca de la parte alta de ese rango de precios.

Y, ¿cuales son esos factores?

Me alegra que me hagas esa pregunta…

El cliente manda

Hay mercados en los que el cliente tiene una conexión sentimental con el producto (bebés, mascotas) y es más fácil estirar el precio.

En estos casos, al cliente no le importa tanto comparar precios como lo que va a conseguir y cómo afecta a su vida diaria.

En cambio, hay otro tipo de cliente que llamaremos “de mercadillo” al que le da exactamente igual la calidad o el artista y lo único que quiere es “un llavero chulo de Super Mario”.

Como es lógico, a este le preocupa más el precio que otra cosa. Sobre todo en mercados saturados de gente que hace las mismas piezas como churros.

Pero no te confundas: esto no es culpa del cliente, es culpa tuya.

La realidad de cada mercado es la que es y el cliente está acostumbrado a pagar unos precios.

Tu eres libre de meterte en los mercados en los que el cliente paga más o menos.

Tu estatus como artista importa

Pocas personas te lo dicen pero, tu estatus como artista es importante para calcular el precio de tu producto.

La realidad es la siguiente: nadie pagarían 100€ a un artista desconocido por un garabato hecho en 10 minutos, ¿verdad?

Sin embargo, ¿por qué Jon Burgerman los vende entre £50-150?

Porque es Jon Burgerman, no tiene más misterio.

Hace unos años no le conocía nadie y los vendía a £10. Pero como es lógico su caché aumenta y sus precios también.

Y adivina, ¡se los quitan de las manos!

Tu nivel técnico

Hay que ser consciente de que no se puede tener un negocio artístico, si no eres artista.

Que parece obvio, pero la cantidad de personas con dos manos izquierdas que nos preguntan por qué no venden un mojón es numerosa.

Tienes que ser crítico y objetivo con tu trabajo. Principalmente porque te vas a frustrar al ver que no vendes con esos precios.

¿Esto quiere decir que tienes que ser el mejor para tener un negocio?

Ni mucho menos.

Yo misma he pasado por la fase de tener manos de mantequilla, he tenido una tienda y he vendido.

Pero no podía vender caro (sinceramente, mis piezas no lo valían), ni podía colgarme el título de artista, ¡y mucho menos vivir de ello!

Y es que al principio es mejor ir poco a poco, sin muchas pretensiones y no fliparte poniendo precios a las piezas.

Si tienes paciencia y estás dispuesto a cultivar tu arte, poco a poco ganarás técnica y caché que te ayudará a cobrar más por tu trabajo.

¡Experimenta!

Ni formulas, ni formulos, ni no sé qué estrategia de marketing que dice fulanito… ¡el secreto es experimentar!

Lo mismo eres un manco pero vendes como churros. O quizá tienes una técnica divina pero menos habilidades sociales que una piedra.

Cada persona, productos y nicho de mercado es un mundo. Así que no te obsesiones mucho, ni tengas miedo a perder un poco de dinero al principio.

Te prometo que te vas a equivocar y, ¿sabes qué?, no pasa nada.

Solo vas a aprender a poner precio a tu producto experimentando.

Comparte

Comparte

Comentarios

Deja un comentario

La responsable de tus datos será Paola Abengózar Curiel. Estos serán enviados a nuestro servidor alojado con DigitalOcean, LLC (Sus políticas de procesamiento de datos) para poder responder tu comentario. Deberás entender que esta información es pública, y los datos que introduzcas en este formulario los leerá cualquier visitante de este sitio web. Conservaré esta información por el tiempo que dure esta entrada del blog o hasta que tú decidas eliminar el comentario. Puedes ejercer tus derechos de acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la política de privacidad.